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viernes, 28 de enero de 2011

te querré hasta detestarte

Estuve de duelo, no, nadie murió, ni me volví hetero, solo estuve de duelo. Terminé mi primera relación con una chica, y me tome una etapa para mi. Digamos que deje que la soledad trabaje: como cámara de ideas, como el contacto conmigo misma. Hubo de todo en ese camino, un látigo de autoflagelo, una nube voladora, unos manotazos de aburrida ( no de ahogada, sino de aburrida)  varios viajes y un reencuentro, con varias versiones del estar conmigo.

Fue tan difícil terminar con ella (digámosle D). Aunque fue una decisión que partió de mi lado, estuvo llena de tibios arrepentimientos, como dice Javiera Mena. La memoria selectiva que tengo, me hacía por supuesto, recordar, en mis momentos malos, solo los buenos que pase con ella. Hasta que un hilo de realidad se colaba, y me hacía recordar, la enorme capacidad que teníamos para herirnos (Los celos, el mundito chiquito y cerrado que creamos). Lo abrumante de aquello traía estrés inútil.

Nos soportamos varias cosas, ella soporto mi confusión y yo soporte sus neurosis; nos quisimos, ella mis labios, yo su lunar. 

Si, nos quisimos hasta detestarnos, el tiempo ideal. 







2 comentarios:

hayward dijo...

Es verdad...cuando la capacidad de herirse mutuamente sobrepasa los límites...aunque duela, lo más sano es separarse. y duele...
Besote desde argentina!

Gaviota dijo...

suele pasar... pero la vida continua =)

... escribo porque en la fantástica internet se puede ser lo se quiere, hasta uno mismo.